The most famous diamonds in history

Los diamantes más famosos de la historia

El diamante, una de las piedras más cotizadas y bellas del mundo, siempre ha causado furor y revuelo entre las personas, tanto que la reputación de esta joya ha quedado muchas veces manchada por la violencia a la que llevaba el deseo de su posesión.

Les presentamos tres de los diamantes más famosos del mundo, con leyendas rodeadas de disputas, locura y dolor.

Diamante amarillo de Tiffany’s

Este archifamoso diamante, con un quilataje de 128,54 quilates, fue descubierto en las minas de Sudáfrica en 1877. Hasta la fecha, se considera el diamante amarillo más grande encontrado. Por aquel entonces, el fundador de la compañía joyera Tiffany & Co. compró la piedra y le dio el valor que da lugar hoy a su leyenda, el valor de la exclusividad: solamente cinco mujeres en la historia han llevado este mágico brillante.

La primera de todas fue Mary Whitehouse, nieta del fundador de la mayoría de redes ferroviarias en Estados Unidos. Procedente de una familia próspera y adinerada, en una gala benéfica de Tiffany’s en 1957, tuvo el honor de convertirse en la primera de una lista muy limitada de mujeres en llevar dicha joya.

Poco tiempo después, el diamante se vio de nuevo, esta vez en el cuello de Audrey Hepburn, la filántropa y magnífica actriz, para el cartel de su película Desayuno con diamantes, en 1961.

Tras medio siglo en la sombra, salió una vez más a la luz, de la mano de Lady Gaga para la gala de los Oscar de 2019, en la que le fueron otorgados los premios a la mejor canción original y mejor actriz.

Los últimos atisbos de este legendario diamante amarillo han tenido lugar en las imágenes de Muerte en el Nilo, la adaptación de la novela de Agatha Christie, siendo Gal Gabot su portadora; y en una campaña publicitaria por una colección de los propietarios de la joya, en la que aparece Beyoncé como última persona hasta la fecha en vestir el diamante.

La joya maldita: el Hope Diamond

Este enorme diamante azul comenzó siendo parte de las innumerables joyas de la realeza india, ya que hasta el siglo XIX con el descubrimiento de las minas de diamantes en Sudáfrica, la India era el único lugar del mundo donde se habían encontrado diamantes.

En el siglo XVII, un comerciante de joyas de apellido Tavernier, se hizo con este diamante (no se sabe si por compra o robo) y lo llevó desde la India hasta las manos del poderoso y narcisista rey de Francia, Louis XIV, el rey Sol. Descendió en su linaje, pasando por su hijo Louis XV y su nieto Louis XVI. Este último, junto a su mujer, sufrió el terrible destino de la guillotina, sino que muchas personas atribuyen a la maldición del Hope (llamado Blue Tavernier por aquel entonces).

Se perdió de vista a la piedra, pero Napoleón Bonaparte trató de seguirle la pista con el fin de recuperarlo y así conseguir de nuevo el “honor nacional” que simbolizaba.

En torno a 1802, la joya fue comprada por la familia británica Hope (de ahí su nombre). De hecho, tanto era el orgullo de poseerlo que uno de sus miembros lo exhibió en la Exposición Universal de Londres en 1851. Más tarde, el nieto del primer Hope que compró el diamante, se lo vendió a una joyería, y de ahí fue pasando de mano en mano hasta acabar con un joyero turco que se lo vendió a uno parisino, y a la vuelta del viaje, murió ahogado tras el hundimiento del barco en el que viajaba en un océano infestado de tiburones. Este acontecimiento solo justifica un poco más el mito que persigue a esta joya.

El joyero parisino finalmente se lo vendió a los hermanos Cartier. Con cierta leyenda detrás, los Cartier aprovecharon para inventarse una maldición mucho mayor que la que ya se le otorgaba, con el fin de atraer a posibles clientes. El Hope fue vendido a un matrimonio neoyorquino. La esposa, Evalyn, no creía ser merecedora de la maldición, pero de todos modos llevó el collar a bendecir. Seguía sin creer en el mito hasta que uno de sus hijos murió atropellado. La pareja se divorció y cayó en innumerables deudas, por lo que, a la muerte de Evalyn, sus joyas fueron subastadas, incluido el Hope.

En la actualidad, el Hope se encuentra en el museo Smithsonian de Washington D.C., Estados Unidos.

El Koh-i-Noor, el diamante sangriento

La leyenda sobre su origen se remonta a 1304. Se dice que dos semidioses se enzarzaron en una lucha, uno de ellos portando un brazalete con el Koh-i-Noor (Montaña de Luz). Este último murió en la batalla y el ganador le arrebató el diamante del brazalete. Después de esto, la joya fue pasando entre generaciones de manera pacífica.

Sin embargo, su historia documentada comienza en 1628, como parte del trono en forma de pavo real de un Shah mogol. En 1739, Nader Shah (un monarca persa) atacó Delhi y se llevó el trono con todas sus piedras preciosas. Él mismo, con sus propias manos, arrancó la pieza del trono y mandó que le crearan un brazalete con ella. Este sería el primero de muchos arrebatos del diamante por el camino de la sangre.

Nader Shah cada vez deliraba más y se volvía más tirano, con leyes y campañas que asfixiaban a sus súbditos, tanto económica como socialmente. Por esto mismo, el sha fue asesinado por su propia guardia. Todos sus sucesores sufrieron revueltas por el deseo de poseer este diamante, símbolo de tan alto poder, hasta tal punto que torturaron a uno de los nietos de Nader Shah para que confesara dónde se hallaba la Montaña de Luz, desenterrando frente a él el cadáver de su abuelo en busca de ella.

El Koh-i-Noor sufrió una línea muy sangrienta de sucesores, fratricidas y patricidas entre sí para conseguirlo. Uno de ellos murió abrasado por oro fundido sobre su cabeza, ya que al arrebatarle la joya, le quisieron hacer a cambio “una corona”. El linaje violento continuó hasta la llegada de los británicos.

Se desató en Oriente una serie de guerras entre británicos y sijs, entre los que poseer el diamante era un claro signo del vencedor, ya que su belleza era enorme y se le atribuían propiedades espirituales. Con la muerte de su emperador, el Imperio sij quedó disuelto y la joya pasó a manos de la Corona Británica (como reclamo de superioridad colonial). En 1851, fue reducido y pulido por petición de la reina Victoria.

Se sigue reclamando la propiedad de este diamante por múltiples países orientales, pero la Corona Británica no accede a su devolución. Hoy en día se encuentra en la Torre de Londres, pero no se muestra públicamente desde los funerales de Isabel Bowes-Lyon en 2002.